El caso de una cucharita


El caso de una cucharita 
Obra de teatro de objetos
Recomendada para mayores 12 años

Sinopsis: Una cucharita que vive expuesta a muchos maltratos en casa decide irse a la calle. Nada hace presagiar que en la calle no encontrará la libertad y bienestar que busca. 
Dramaturgia, puesta en escena y animación de objetos:
Carlos Benites Arteaga   
Tema: Violencia de género
Duración: 45 minutos (Versión presencial)
Costo: A tratar

EL CASO DE UNA CUCHARITA

Fotografía: Janin Bello                                                                                 Kachalote. Bogotá 2016.

Obra de Teatro de objetos para mayores de 12 años.


TALA TALAVERA





Obra de Teatro de Títeres para mayores de 5 años.


Sinopsis: Tala Talavera, dirige las labores de talar Indiscriminadamente los bosques sin importarle el daño que hace a los ecosistemas. Algunos pobladores, conscientes de la situación, quieren impedírselo y para ello montan un plan, sin saber que hay otro personaje que también busca lo mismo. Al final el público tendrá un rol decisivo en el momento de aleccionar a éste depredador.

Tema: La tala indiscriminada 
Duración: 45 minutos


LA FLOR DE RICARDO



    Obra de Teatro de títeres para mayores de 4 años.

Sinopsis: Esta obra nos muestra lo nefasto de la contaminación en la ciudad a través de las acciones de un abuelo y su nieto, que intentan eliminar una oruga y salvar una flor.
Tema: Cuidado del medioambiente

Duración: 45 minutos

                                                               galería de fotos

LA ZANAHORIA GIGANTE

La zanahoria que el abuelo Serafín ha sembrado en su huerta ha crecido desproporcionadamente. El abuelo tiene dificultad para sacarla, pero eso no es impedimento pues tiene la ayuda de su familia y vecinos…¿Logrará su cometido?… La narración de este cuento apela a la imaginación y a la solidaridad de los espectadores.

galería de fotos

EXPERIENCIAS Y LOGROS

CÍA. DE TEATRO Y TITERES EL BOTON
  • Miembro fundador, actor, titiritero y director artístico.
  • Diseñador y realizador de títeres de diverso tipo.
  • Coordinador de talleres dirigidos a jóvenes y docentes.
  • Organizador de giras internacionales del grupo.
  • Diseñador y ejecutor de Proyectos que tienen como objetivo difundir el Arte de los Títeres.
  • Realiza permanentemente talleres dirigidos a docentes, niños y jóvenes.
GRUPO AURIGA TEATRO UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSE DE CALDAS (BOGOTA, COLOMBIA)
  • Director Artístico Marzo de 2005- Diciembre de 2006.
GRUPO TACONES ALAS TABLAS TEATRO UNIVERSIDAD DISTRITAL FRANCISCO JOSE DE CALDAS (BOGOTA, COLOMBIA).
  • Director Artístico Marzo de 2006- Diciembre 2006.
EMPRESA DE AGUA Y ALCANTARILLADO DE BOGOTA. Programa Pedagogía del agua.
  • Director Artístico. Obra de teatro y títeres “Las aventuras de Rosita” y Coordinador Pedagógico de Talleres de teatro y títeres en Colegios distritales de Bogotá. Años: 2006-2007-2008.

mi primera gira al exterior

Entre las experiencias más emocionantes y llenas de anécdotas interesantes que he tenido como titiritero figuran las giras, esos viajes llenos de sorpresas. Nunca pensé que ese sueño de la niñez, por llegar a ciudades desconocidas y recorrerlas palmo a palmo con las ansias propias de un conquistador de nuevas tierras o la intrépida intención de un navegante en busca de nuevos mundos, lo lograría con mi oficio de titiritero. Fueron mis títeres mi pasaporte para mis viajes por Latinoamérica. El primer viaje me llevó hasta la Patagonia Argentina. Una verdadera travesía de miles de Km. Que se inició en Trujillo (Tranquila ciudad colonial ubicada en la costa del Perú, donde nació El Botón en los años 90s.) y recorrió el Sur de Perú, el Norte de Chile, el Norte de Argentina, hasta llegar a Caleta Olivia, próspera ciudad ubicada frente a l Atlántico en la Patagonia Argentina. Caleta Olivia fue la ciudad anfitriona del I Festival Internacional de Teatro de Títeres, que organizaran Sergio Ferreira y María Angélica Paredes (Grandes amigos, y compañeros de experiencias memorables) de Títeres Los Cuatro Vientos, en el que participé representando a mi país. Por entonces estaba aprendiendo el oficio de ser titiritero. Habían pasado apenas cinco años de desempeño artístico. Habían pasado cinco años desde aquella primera vez en que decidí tomar unos muñecos e invitar a unos niños al patio de la casa de una tía y emprender la aventura de mostrar aquel juego de niños convertido en poesía escrita con muñecos. El festival en Caleta Olivia fue un gran encuentro. Pude descubrir con asombro el Arte de los títeres hecho por grandes maestros. Casi todos los titiriteros de ese festival eran hijos del gran Javier Villafañe. Aquél que no fuera hijo, era hermano, sobrino, o tenía algún parentesco. Todos se veían como hechos a imagen y semejanza del Padre. Todos conocían historias del Padre y el que no supiera una se la inventaba. Unos estuvieron con él en los momentos más gratos de su vida, otros antes de su deceso; unos le conocían anécdotas curiosas e increíbles; otros, incrédulos, hablaban de los cuentos que el viejo se inventó para convertirse en leyenda. Entre todas las cosas, lo que unía a esa cofradía era el respeto, la admiración y el amor que le profesaban a ese gran maestro que fue Javier Villafañe. Fue en Caleta Olivia donde conocí a Héctor Di mauro y al Kike Sánchez Vera (Sólo por mencionar a dos grandes artistas argentinos reunidos en ese festival); el primero, maestro en el guiñol y el segundo excepcional marionetista. Ambos, incansables maestros, promotores de novedosos proyectos con jóvenes artistas. Sorprendentes hombres que no obstante sus años, emprenden proyectos con la audacia, osadía, e ilusión propias de jóvenes soñadores que empiezan en el oficio. Después de Caleta Olivia vendrían otras ciudades. A Córdoba fui al encuentro de otro Di Mauro, el Quique (Hijo de Héctor), organizador de los Festivales de Titiriteros Juglares. Participé en la VI versión de ese festival. Luego fui a Buenos Aires en busca de la legendaria Calle de los Títeres, lugar en que gracias a la lucha y audacia de los titiriteros y demás artistas bonaerenses lograron un espacio permanente para los títeres en la calle Caseros ubicada en el centro de la ciudad. Recuerdo como si hubiera sido ayer la presentación que hice en la Calle de los Títeres. Un público precioso integrado por familias enteras que acudían los domingos para ver a compañías nacionales o titiriteros itinerantes que estuvieran de paso. En aquella oportunidad presenté mi espectáculo solista “La flor de Ricardo”, con el que un año antes había estado en una temporada larga en Lima. La presentación en la Calle de los títeres transcurrió de principio a fin sin novedad. Recuerdo mi nerviosismo al estar frente a un público habituado a ver mucho espectáculo de títeres. No recuerdo si por entonces algún acontecimiento histórico entre nuestros países pudiera haber sido la causa de la empatía creada entre el menudo (Petiso, dirían los argentinos) titiritero y ese respetable, respetable público que aquella tarde tuvo tanta generosidad con el autor de este relato. Lo que si recuerdo son los aplausos interminables, gratificantes, quizá inmerecidamente. ¿Era quizá el premio a un titiritero itinerante que recorrió, miles de Kms. por tierra, para estar ahí? ¿O eran aplausos para el hermano peruano que humildemente llevaba una obra “prolija” (a decir de ellos), sin efectismos y donde no todo se resolvía con golpes ni violencia, como ocurría con muchos espectáculos del momento? ¿O quizá era una respuesta de los argentinos reunidos allí que recordaron la actitud generosa y solidaria de mi país durante el conflicto en Las Malvinas? Estas interrogantes las llevo conmigo al igual que los aplausos brindados por ese emocionado público. Estando en Buenos Aires, no quise volver a mi país sin conocer Montevideo. Me hice invitar por unos colegas de la A.T.U., Asociación de Titiriteros de Uruguay, con sede en Montevideo y llegué hasta allá y tuve un encuentro muy cordial con colegas de ese país hermano. Una plaza nos albergó a mis títeres y a mí. Un espectáculo al aire libre en la Plaza Rodó. Otra vez un público gentil, muy querido. En Montevideo no pude ver mucho espectáculo pero recibí un regalo precioso. Pude ver al Grupo Teatral El Galpón en su propia sala, grupo cuyos integrantes salieron exiliados en los 70s por la dictadura uruguaya de entonces. En Montevideo terminó la travesía del 96. La primera aventura titiritesca de El Botón lejos de la casa. Era la primera vez que salía de casa para un viaje tan largo. Era la primera vez que pude ver a Sudamérica como mi casa grande. Un día en una ciudad y a la mañana siguiente en otra de otro país, te hace ver que Sudamérica es grande pero se aprende a verla chica, pues las “grandes distancias” se acortan cuando con facilidad, olvidando las fronteras y lo que pasa en ellas, vas de una ciudad a otra, de un país a otro. Y te encuentras con un hermano nacido en un país que no es el tuyo pero que lo sientes como tuyo, que habla tu mismo idioma el idioma del Arte, el idioma de la sinceridad, de la tolerancia, sin discriminación, y eso es grandioso. Así, recorriendo ciudades con mis títeres, empecé a conocer mi gran casa, mi gran nación que es Latinoamérica.